Cuento de Ximena Jiménez
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Durante esos breves instantes, y mientras jadeaba, veía como otros corredores pasaron por mi lado mirándome extraño. --¿ por qué siguen corriendo?-me pregunté en silencio. Miré hacia arriba y al frente.--No puede ser!! -exclamé-y agobiada por el calor y la humedad asfixiante, retomé el ritmo de mi carrera y seguí corriendo. Unas ganas de reír y de llorar simultáneamente me invadió el espíritu. Pero era solo la rabia de sentirme tan boba!!

Era el mes de febrero del 2001, un tanto más cálido y húmedo que lo habitual para la región de Florida, en EE. UU. en que normalmente hay temperaturas bajo 28°C.

Yo me encontraba visitando a mi hija a quién no veía desde hacía más de dos años desde que se fuera a vivir a Miami. Ella se había comprometido y deseaba que conociera a su novio.

Mi estadía iba a ser breve y su objetivo era conocer a mi futuro yerno y su familia. Tal vez aprovechar el viaje para hacer algunas compras o presentes para los amigos o familiares más cercanos.

Durante una alegre sobremesa después de una parrillada, al cuarto o quinto día de mi llegada, mi hija puso en el tapete, la práctica del deporte.

--Sí, fijaté Tony-dijo mi hija dirigiéndose a su novio-mi mamá corre y más encima compite la vieja!!
--Ah si?-respondió Tony sonriendo-yo también corro, pero no compito, soy muy malo.
--Lo importante es practicar algún deporte o mantener algún tipo de actividad física-respondí Yo-es bueno para el cuerpo y para el espíritu.

Ví la sorpresa en el rostro de los papás de Tony, ambos bastante mayores que yo, pero de un espírtitu jovial y sincero.
--miren la vieja, y todavía corre-habrán dicho para sus adentros

La conversación fluía fácil y allí se enteraron de que siempre me gustó la actividad física.

A punta de preguntas de ambos y de otros comensales, les relaté un poco de mi vida y los deportes. Había tema para socializar. Sobretodo que si las cosas andaban bien entre nuestros hijos, próximamente íbamos a ser de la misma familia con nietos comunes. En mis primeros años había querido ser bailarina de ballet o jugadora de basket-ball, pero todos mis buenos deseos se esfumaron cuando me diagnosticaron una cardiopatía que impedía que hiciera gimnasia. Con tristeza observaba como mis compañeras de primaria, y luego de secundaria practicaban esos maravillosos deportes y competían en alegres fiestas con otros colegios. Yo solo me encargaba de aupar a la barra.Dos años antes de salir del liceo, es decir cuando tenía unos 15 años, me dije--¡basta!! Voy a practicar deportes, y si me siento mal, paro.-- Por supuesto que no me sentí mal ni nada parecido y comencé a asistir feliz a clases de educación física.

Llegué a ser seleccionada de voley y basket de mi liceo. Ya en la universidad, formé un equipo de baby football femenino y más tarde los tiempos se hicieron más escasos por los estudios. Solo practiqué voley hasta segundo año compitiendo de vez en cuando con otras facultades. Al egresar y vino el trabajo, luego el matrimonio y la llegada de los hijos y no dejé espacio para el deporte.Lo retomé solo a los 45 años viviendo en la ciudad de Caracas a instancias de un hijo que me impulsó a hacerlo. Trotábamos y subíamos cerros juntos.De regreso mi país esperé 2 años, para retomar el trote. Ya tenía 53 años. Llegué a correr 15 kilómetros 3 veces a la semana. El deporte me hacía sentir bien, sobretodo mentalmente, más que físicamente, pues desde mi adolescencia mantengo mi mismo peso, con o sin deportes.Pero llegó un día en que me diagnosticaron un horrible cáncer. Bueno, tres operaciones, tratamientos muy molestos y todos los inconvenientes que conllevan. En fin, durante 3 años las secuelas de los tratamientos resintieron mi cuerpo aunque la normalidad volvía poco a poco. Fue el tiempo en que decidí sacar un magíster. Como vivo en el campo, al sur de Rancagua, debía viajar todos los días en bus para estar a las 8:30 en clases. Me reponía poco a poco.

Casi al terminar mi primer semestre de clases, hace dos años, recibí una llamada del mismo hijo que me impulsó a prácticar deportes hacía casi 10 años atrás. El ya había competido por primera vez en 20 km. en la maratón de Santa Bárbara. Siempre le gustó del deporte y durante sus estudios universitarios compitió en velerismo, luego andinismo y a su llegada a Chile después de 5 años en Bélgica para obtener su grado de doctorado, comenzó a correr.

--Vieja, déjate de cosas-me gritó--, ya estás bien y te invito a competir. Hay una vieja cincuentona que compite en 10 km. y tu también puedes hacerlo. No te imaginas lo rico que es este ambiente vieja. ¡vamos, date ánimo que tú puedes!! Tu enfermedad ya se acabó!
--pero ahora tengo 56 años hijo, y esta mierda de enfermedad te deja toda jodida-repliqué
--no hay excusas, tienes un mes para prepararte. La próxima maratón es en Puerto Varas y ya te inscribí.
--pero eso es muy poco tiempo!!, debes estar loco, ya estoy vieja para esos "trotes".
--ya, empieza a trotar suave y vas aumentando poco a poco. Tu nos enseñaste que cuando se quiere se puede-y ZAZ¡ me cortó el teléfono. Como era a mediados del mes de Julio, comencé en mi trotadora a practicar todos los días. Afuera hacía mucho frío.

--ay!, como es posible que trote 5 minutos y quede tan cansada!!-me decía al comienzo de mi entrenamiento, mientras veía mis delgadas piernas, tan torneaditas y firmes 3 años atrás
-¡pero mañana serán 10 minutos así me muera!!-- Me prometía. Hasta que llegué a trotar ¡una hora!!. Ni yo me lo creía!

Así llegó el día de la competencia de Puerto Varas

Mi hijo junto a su grupo de corredores de Los Angeles donde habitaba, alquilaron una cabañita cerca del lago en donde alojamos en agradable camaradería. Algunos ya peinaban canas y otros habían competido en New York. Tenían una serie de hábitos alimenticios y de práctica pre-competencias desconocidas para mí. Yo era una primeriza y no tenía idea lo complicado que era "competir". Para mí era solo una experiencia más de vida. En esa oportunidad mi meta era llegar a la meta. Corría en 11 km. Solo para que mi hijo se sintiera orgulloso de su madre y cumplir eso de "cuando se quiere, se puede" que tanto les machacaba cuando eran pequeños.

En fin, ahí gané medalla de plata en Puerto Varas, e igual en la maratón de Viña del Mar. Al año siguiente en Abril del 2002, me esguincé un tobillo durante la maratón de Santiago y tuve que parar, pero llegué a la meta claudicando y con un dolor agudo en el tobillo que ameritó intervención de los paramédicos, vendajes y analgésicos. Pero como siempre; ¡mi meta era llega a la meta!

Pero volvamos a nuestro cuento --pues sí-he competido dos veces y he llegado a la meta-dije sonriendo.

--mira Ximena, en cuatro días más acá cada año se organiza "la corrida de la calle 8", ¿por que no compites?
--¡estás loco Tony!-acá hace mucho calor y me sofoco. Me gusta correr con frío
--vamos a competir todos, yo en 10 km ( mi ahora yerno tiene 46 años), mi hermana en caminata con una amiga e incluso Prince (mi hija) también lo hará en caminata.
--¿prince va a caminar?-dije pensando en que jamás le gustó el deporte-entonces sí compito!!. --Tal vez eso la animaría para seguir practicando.
--OK, haré los arreglos-replicó.

La corrida era a las 7 de la tarde en la calle 8 de Miami. ¡toda una fiesta!! "American Style" naturalmente. Todo organizado a la perfección tanto para los competidores como para los visitantes y observadores. Una maravilla!! Me sentía como en un carnaval.
La única diferencia era el trayecto que no era en una sola dirección con los dos paños típicos que atraviesan la calle: SALIDA y META . Acá se daba una vuelta para llegar al mismo punto de partida. También el público era diferente. Muchísimos competidores de cabellos blancos, damas y varones, se escuchaban varios idiomas, orquestas y grupos musicales en las calles avivando la competencia. Multicolores stands, servicios higiénicos transportables e impecables para atender cientos de personas. Paelleras gigantes con muchos cocineros muy uniformados de chefs para el final de la competencia, bebidas reconstituyentes durante todo el trayecto, y muchas cosas más. Un verdadero ambiente de fiesta.

Yo temía una deshidratación por el calor y a la humedad que me sofoca, pero estaba muy exitada con mi "primera competencia fuera de Chile". Corrí al lado de mi futuro yerno de igual a igual hasta unos 300 metros antes de la llegada. Durante el trayecto todo el mundo te da ánimos, en inglés y en español
--¡vamos, dale!, no aflojes!-
--¡¡bien señora, arriba señora!!, ya te falta poco, eleva esa pierna!!

El calor me sofocaba y sentía mis pies y mi cabeza ardiendo. Le dije a Tony que adelantara que yo tal vez no llegaría y aceleró su tranco levemente. Seguí corriendo viendo el paño de la meta no lejos de mí. Saqué fuerzas de flaqueza y viendo como el paño se acercaba lentamente. Los pies me quemaban, la cabeza me reventaba, hasta que vi el paño sobre mi cabeza. ¡había llegado!!. Me paré respirando hondo pero veía que otros corredores seguían más allá corriendo y me hacían señas con las manos. ¡No entendía nada!
--¿por que siguen corriendo estos locos?-me pregunté

Miré hacia arriba y decía : SALIDA (por detrás) y a unos 10 metros mas allá otro paño igual que decía: META. (de frente).

¡Casi se me cae el pelo! Aún no había llegado a la meta!! Y yo ahí parada, muerta de calor perdiendo preciosos segundos!!
--estos gringos locos, siempre al revés-pensé y con la rapidez del rayo recorrí la distancia faltante no sin dejar de sentirme la mas estúpidas de la deportistas.

A pesar de todo saqué medalla de bronce....pero pudo ser de plata.....


Ximena Jiménez.

Marzo del 2002

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