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Cuento
de Enrique
Urrejola "LAUFEN FÜR DEN FRIEDEN"
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Maratón
de Berlín, 30 de Septiembre 2001.
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"Correr
por la paz", fue el nombre emblemático que se le dio a
la versión 28 de esta extraordinaria carrera. Una participación
récord de más de 38.000 corredores, un clima perfecto,
con temperaturas de 12 grados y topografía plana. Era el escenario
adecuado para grandes cosas. Gran emoción de todos los participantes,
que corríamos con una cinta negra, en señal de luto
por los mártires de Nueva York y Washington, a quienes se les
dedicaba el evento. Allan Steinfeld, Director de la Maratón
de Nueva York, dijo unas palabras emocionadas antes de la partida,
y a las 9 en punto dio la salida junto con el bürgemeister de
Berlín.
Estaban en la largada Naoko Takahashi, la campeona olímpica
de Sydney, y Tegla Loroupe, poseedora del récord mundial, con
2:20:43. Ambas habían manifestado su intención de bajar
de 2:20.
Mis expectativas al salir de Chile casi tres semanas antes eran buenas.
El entrenamiento de 10 meses se había desarrollado casi completamente
de acuerdo a lo programado. El peso estaba óptimo. Mis resultados
en carreras previas eran alentadores. La única duda era el
posible efecto negativo de 17 días de viajes continuos por
distintas latitudes, antes de llegar al destino final.
Los últimos días en Berlín fueron esenciales
para la recuperación.
Había elaborado tres posibles planes de carrera: uno conservador,
otro audaz y un tercero "hiper audaz". La decisión
de cual elegir la dejé para después de iniciada la competencia.
Después de dos años de resultados irregulares por lesiones,
me sentía en deuda conmigo mismo. Correr en Berlín,
por razones familiares, históricas y por su prestigio, era
un sueño añorado desde hacía mucho tiempo. Me
asignaron el segundo corral de largada, muy cerca de los primeros.
Pasé la línea de salida a los 12 segundos del disparo.
Los primeros 3 kilómetros se corren en una ancha avenida, rodeada
por los parques del Tiergarten, hasta cruzar la famosa Puerta de Brandeburgo,
el símbolo de Berlín. Me concentré en dejar al
cuerpo libre, corriendo en una sensación de comodidad y de
total ahorro de energía. Me sorprendió lo rápido
de los primeros tiempos parciales, confirmados en el kilómetro
5, con un paso promedio de 4:19 por kilómetro. Rápido
chequeo de sensaciones me confirma: no te estás apurando mucho,
vas en lo que corresponde. Confío en mi experiencia y lo que
me dice el cuerpo, pienso en el lugar donde estoy, la trascendencia
del evento, y decido mantener ese paso.
Se ha dicho acertadamente que la primera mitad de la maratón
es un mero trámite. En mi caso, el trámite se cumplió
en 1:30:12. No pude evitar una cierta excitación interior:
me sentía muy bien, iba ganando segundos, y con solo mantener
ese paso hasta el final, terminaría en menos de tres horas.
Tenía claro en la mente que eso no sería fácil
pasados los 35 kilómetros, pero ya era tarde para echar pie
atrás: la suerte estaba echada, y estaba corriendo según
el plan hiper audaz." Alea acta est".
Hasta el kilómetro 30, todo funcionó bien. El parcial
de los 30 fue 2:07:22. Del 30 al 35, el sector con más subidas
en Berlín, pude negociar bien el cansancio, pasando corredores
constantemente, y mantener el paso, aunque con cierto esfuerzo (Tiempo
Km. 35 = 2:28:42).
El problema empezó entre el 37 y el 38. El agotamiento empezó
a llegar en oleadas cada vez más altas. La lucha por mantener
el paso se tornó difícil. En esos momentos es cuando
la mente y el espíritu deben jugar su papel. Desgraciadamente
no tenía al lado a Pato Goycoolea en bicicleta para darme su
valioso apoyo.
La marca de cada kilómetro parece no llegar nunca! Finalmente
estoy en el Kurfürstendamm, con la meta al final de esta avenida.
Ahora algunos corredores me pasan a mi.
Justamente al pasar la Iglesia Memorial del Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche,(
bombardeada en la Segunda Guerra y dejada en ruinas como un monumento
a la paz), siento sus solemnes campanadas y veo el gran reloj marcando
las 12 . La meta está algo más allá. Comprendo
que esta vez no bajaré las tres horas, pero ya no me importa.
Sólo quiero terminar de una vez! Allá está la
meta. Pasemos a ese japonés que se ve muy mal, el reloj está
en 3:01, corre, corre... estás en la Maratón de Berlín.
Cruzo la meta y paro mi reloj. Marca 3:01:49. Falta restar los segundos
del chip.
Siento una inmensa satisfacción: el tiempo es bueno, el esfuerzo
por conseguir el objetivo fue honesto y total, no quedó un
ápice de energía por entregar.
Soy parte del homenaje a la paz de este mundo.
Naoko ganó con récord mundial de 2:19:46.
Ser maratonista acarrea enormes satisfacciones y alegrías.
Enrique
Urrejola
Zell, valle del Mosel, Alemania. Octubre 2001.