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Cuento
de Roberto
Hicil M."relato de un corredor"
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Este
es un relato de un corredor que quiso experimentar algo distinto
Durante el verano. La historia comienza así:
Cuando mi tío me dijo podemos lograrlo, yo le dije que todo
era posible.
Empezamos probando el nadar largas distancias y al comienzo me sentí
bien al
querer hacerlo, pero cuando pasaban los 22 minutos en el agua comenzaba
una
etapa asfixiante donde no quieres más guerra. En fin, una hora
de ciclismo y
un poco de trote para terminar un poco mal, como para empezar a dudar
si
sigo el juego de este desafío de verano o si simplemente continuo
mis
vacaciones en mi casa. Es el sábado por la tarde, son las 7:05
y llegamos
justo a tiempo para ver la presentación de los competidores
y comer los
tallarines. Rodrigo Salas comienza a nombrar a los competidores, a
medida
que los presenta, me doy cuenta en el lío en que me he metido,
rodeado de
competidores de elite entre ellos el destacado Felipe Van de Wyngard.
Llega el domingo y me despierto con la sensación de que voy
a ir a una
guerra, con nerviosismo y adrenalina, son las 8:15 y llego al lugar
de la
partida, con el frío de la mañana en Papudo, no se si
es lo helado del clima
o los nervios los que dan escalofríos, transcurren los minutos
y a las 8:30
es la partida inicial, primero parten los competidores de Elite, y
2 minutos
después salimos nosotros, mi tío me dice que espere
porque en el agua me
pueden pegar un golpe si me meto con el grupo, pero la adrenalina
ya no me
deja lugar para escuchar y me introduzco sin sentir ni frío
ni temor, en eso
por ambos lados aparecen dos nadadores y me cierran el camino por
delante,
espero un poco y sigo mi carrera personal contra el frío y
contra mi
resistencia personal, me siento mejor de lo que creía que estaría,
y luego
de un rato salgo del agua, y con un sutil pero cansador trote paso
a la
bicicleta, la batalla continúa con tantas subidas y bajadas,
que al terminar
con la bicicleta me doy cuenta que lo que sigue se ve muy corto en
distancia, pero tremendamente largo en esfuerzo. Comienzo el trote
y aun
quedan muchos competidores en carrera, ¡Vamos! me grito por
dentro, son solo
10 kilómetros, que con el pasar de los minutos se convierten
en una odisea.
Cien metros antes de llegar a la meta, mi tío que llego antes,
me acompaña a
la meta en un hermoso gesto deportivo, al fin llego, tan cansado que
apenas
reconozco la meta, mi familia me recibe con abrazos y celebro junto
a ellos
lo bello que es el deporte para la vida y les doy gracias a Olimpo-Carozzi
por darme la oportunidad de realizar este sueño tan ansiado,
para un
deportista de tan al norte de nuestro país, donde poco se practica
el deporte.
Roberto
Hicil M.
Arica - 1º Región .