Cuento de Alejandro Doren Vial "para no olvidar...."
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Hace exactamente 431 días atrás, una noche de Navidad nos
encontrábamos reunidos en familia y tomé una decisión; me di cuenta que era
el momento de producir un cambio en mi vida, un cambio que significara ojalá
el volver a nacer. Realmente, quería cambiar el rumbo de mi vida y para ello
anuncié que a partir del día 2 de enero del año 2001 iba a empezar un
régimen de alimentación estricto. En ese momento pesaba 103 kilos y no hacía
nada de deporte desde hace app. 5 a 10 años. Comencé paralelamente
levantándome de Lunes a Viernes a las 05:35 horas a trotar 2.5 km y hacer
gimnasia y los sábados y/o domingos trotes más largos o bicicleta, pero como
a las 08:00 horas. Por supuesto que las risas y bromas al momento de mi
anuncio abundaron, pero al cabo de 2 meses y 20 días ya había bajado 25
kilos. No obstante, mi cambio de rumbo exigía además proponerse un gran
desafío y que más desafío que proponerse a correr la maravillosa e
inolvidable New York City MARATHON; con esto último ustedes comprenderán que
todos pensaron que me había tomado todo el Pisco Souer de la noche, pero era
una propuesta personal con la más absoluta convicción de lograrla. Al cabo
de 4 meses de haber iniciado mi propuesta, ya había logrado subir en
bicicleta desde El Arrayán a Farellones y había logrado correr mis primeros
42 km. Para mi era muy importante poder completar durante mi entrenamiento
esa distancia y así darme cuenta que si podía, que era capaz; en otras
palabras, querer es poder y hasta ahí ya empezaba a ver algunos frutos.
Pero mis metas no terminaron ahí ya que durante el mes de mayo logré
un anhelo muy personal ya que me había propuesto llegar a la televisión como
cualquier "hijo de vecino", con el único fin de contar mi experiencia hasta
ese momento, ya que de algo podría servirle a alguien y entonces logré
contactarme con el programa del Kike Morandé quienes me llamaron y
finalmente tuve la maravillosa experiencia de salir en un programa de
televisión y así traspasar esa experiencia.
Durante todo el resto del año 2001 hasta fines de octubre continué
mi entrenamiento personal, siendo yo mi propio entrenador; está claro que
como entrenador me muero de hambre, de hecho a 2 semanas de viajar a New
York se me ocurre la tonta idea de volver a correr 42 km, lo cual me tuvo al
borde de lesionarme, pero afortunadamente gracias a los buenos consejos de
un amigo médico Xabier De Aretxabala, quien también corrió en NY me pude
recuperar entre el mismo 1 al 3 de noviembre, es decir a horas del inicio de
mi mayor desafío: correr en NY.
Durante toda mi vida había soñado con conocer New York, entonces me
dije: que mejor que conocer NY teniendo el honor y la satisfacción de poder
contarle a mis hijos, nietos... de mi hazaña y la verdad que fue para mi
tocar realmente el cielo; más aún que esta Maratón tenía un significado muy
especial para el mundo, por todo lo ocurrido. Faltaban sólo unas horas para
que se diera la largada y yo estaba despertando, eran app. las 06:10 y la
sensación personal era sólo de paz y gran felicidad. No existía ansiedad ni
nerviosismo, sólo quería llegar al otro lado del "Puente Verazzano" y poder
sentir que ya estaba a minutos de partir y concretar el desafío tal vez más
emocionante de mi vida. Al escuchar las palabras del Alcalde de NY poco
antes de la largada, sólo me llevó a pensar una sola cosa "la vida es muy
corta y si no la vivimos minuto a minuto se nos va" y fue entonces cuando
por fin logré darme cuenta que había logrado algo que trascendía mucho más
allá que el correr en NY. Faltaban pocos minutos y me sentía el hombre más
feliz de la tierra y al momento de escuchar el disparo sólo me dije "vamos
Alejandro, tu puedes y lo vas a lograr". La experiencia de correr por los
diferentes barrios de NY, sin duda fue maravillosa; bandas de rock, mucha
gente, mucho ánimo, apoyo, gritos de fuerza, etc.; pero el momento más
maravilloso fue primero al entrar a Manhattan por la First Av.. Una gran
cantidad de personas por cada lado gritando go go y lo otro que fue
impresionante fue el ver tal cantidad de corredores, que uno nunca va solo
corriendo. Pero el sueño más increíble fue el entrar desde Bronx a Manhattan
por la Quinta Av. y sabiendo que ya faltaba poco para la meta y sentir que
lograría cumplir conmigo mismo. Durante toda la carrera llevé entre mi ropa
una sorpresa para la meta y fue que pocos metros antes debía desplegar sobre
mis hombros el orgullo de mostrar nuestra bandera chilena, pero la emoción
de sentir tan cerca la meta me empujó a sacar la bandera mucho antes y así
pude lucir durante más de 500 metros orgulloso, sonriente y maravillosamente
feliz la bandera chilena, logrando cruzar la meta con ella en poco más de 4
horas y así poder inscribir mi nombre orgulloso de haber corrido la famosa
Maratón de New York y porque no decirlo orgullo para mi señora y mis hijos
por este gran logro. Nunca olvidaré esta maravillosa experiencia y sólo
puedo terminar diciendo una frase ya dicha: "la vida es muy corta y si no la
vivimos minuto a minuto se nos va; por ello vívanla a concho"

Esta experiencia sólo me gustaría que a más de alguien le pueda
servir, pero sí estoy seguro de 2 cosas nunca la olvidaré y sé que mi
maravillosa mujer como mis hijos tampoco y desde ya estamos comprometidos
con mis hijos para que al cumplir ellos sus 18 años iremos juntos a NY para
que los 3 podamos vivir esta experiencia, acompañados de su maravillosa
Mamá
¡esa es mi mujer!.

Alejandro Doren Vial