Son las siete de la tarde del sábado y mañana es el
gran día. No sé si quiero que sea mañana
o pasado mañana. La adrenalina corre por todas partes. Llego
a buscar mi número, me encuentro
con Rodrigo Salas y no se si agradecerle o llorarle, pero en definitiva
yá está la carne en la parilla.
Trago los tallarines y parto a dormir a mi casa. Me despierto antes
que suene el despertador, me
ducho y no quiero salir del agua calentita, miro el reloj y parto
con unos amigos Ellos hacían sus
cálculos; si hacían tres horas veinte o veinticinco,
yo por dentro no sabía si llegaría a la meta.
Comienza la carrera y yo me pongo detrás de mis amigos sin
estrategia alguna, asustado como
cuando iba a las pruebas de matemáticas del colegio. El día
nublado, perfecto para el tema,
mis partners me retan porque voy rápido para mi ritmo, pero
yo no les hago caso y sigo cerca.
Ellos paran a "mear" y los paso, me sentía un ganador,
en eso aparece la chimenea de Ventanas
y me siento mejor de lo que creía. Pero en eso me pasan de
nuevo mis amigos. El lugar espectacular,
el hecho de no haber casas ni nada hace que las distancias se acorten
pórque el punto de referencia
se aleja y uno se distrae con el paisaje. Miro mi cronómetro
y me sale cualquier cosa, con el nerviosísmo
apreté el botón equivocado y perdí el timing.
Creo que fué para mejor. Le hize caso a los que saben y
tomé líquido en todos los controles, éstos estaban
muy bien equipados con gente muy amable y
animosa. Sigo y en Mantagua me doy cuenta que me he comido la mitad
de la carrera y todavía me
siento bien, no sé cuanto llevo de tiempo pero no veo competidores
adelante y no me atrevo a mirar
para atrás. En eso veo a una corredora más adelante,
apuro el caso y le veo en la espalda el nombre
"albertina", si era ella , la gran Albertina Zuñiga,
me pongo atrás, pero me doy cuenta que no soy capáz
de seguir el ritmo, llegamos al puente de Con-Con y comienzo a sentir
la carrera, la espalda me pesa
y la sed entra por la piel, de nuevo me quedo solo y comienza la verdadera
carrera mía : soy capáz
de hacer algo que me parecía imposible, no lo sé, se
me cominza a pasar por la cabeza gran parte de
mi vida, me acuerdo de mi padre, le pido fuerzas para llegar, me acuerdo
de otros amigos que yá no
están, me emociona acordarme de mi propia familia, mi señora
se me aparece...mis hijos... mi madre.
En eso entre las curvas del camino veo un "gringo" que baja
ostenciblemente el ritmo, lo alcanzo y
lo paso, él iba llorando de emoción o algo así,
me golpea la espalda en forma cariñosa, en eso me pasa
un corredor que había conocido en La Pintana y yo lo golpeo
en la espalda amablemente. La verdad
es que el cansancio era extremo, quería ver a mis hijos a mi
señora, en fin no quería más guerra.En
eso llego a la recta de Reñaca hecho bolsa, pensaba "llevo
cuatro horas y cuarto en este martirio y
nunca más lo haré", llego al último aprovicionamiento
y no sé porqué paro por primera vez a tomar
líquido, en eso se me nubla todo y una mujer me dice que me
faltan "solo" dos kilómetros. Yo no
quería más guerra, pero parto igual. Cuando voy pasando
por una "copec" me encuentro con un amigo
corredor que había llegado yá y eufórico se coloca
al lado mío y emocionadamente me dice que haré
menos de cuatro horas. No lo podía creer y le puse todo mi
empeño, casi sigo de largo , estaba tan
mareado que una persona me agarra del brazo y me mete al estadio Naval,
había que dar una vuelta
por fuera y en eso veo el reloj electrónico y veo el número
tres y la verdad es que le doy con el alma.
Cruzo la meta en 3h56m58s y se me olvida en un minuto el esfuerzo,
una lola estupenda me pone una
medalla y pido un celular y hablo con m i señora entre llantos.
Los abrazos de mis amigos son interminables y
ahora
le doy
gracias a la vida y a Rodrigo Salas por darme la oportunidad de ser
mejor
Fernando Perez
Experiencias
de Corredor