Cuento de Fernando Perez
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Son las siete de la tarde del sábado y mañana es el gran día. No sé si quiero que sea mañana
o pasado mañana. La adrenalina corre por todas partes. Llego a buscar mi número, me encuentro
con Rodrigo Salas y no se si agradecerle o llorarle, pero en definitiva yá está la carne en la parilla.
Trago los tallarines y parto a dormir a mi casa. Me despierto antes que suene el despertador, me
ducho y no quiero salir del agua calentita, miro el reloj y parto con unos amigos Ellos hacían sus
cálculos; si hacían tres horas veinte o veinticinco, yo por dentro no sabía si llegaría a la meta.
Comienza la carrera y yo me pongo detrás de mis amigos sin estrategia alguna, asustado como
cuando iba a las pruebas de matemáticas del colegio. El día nublado, perfecto para el tema,
mis partners me retan porque voy rápido para mi ritmo, pero yo no les hago caso y sigo cerca.
Ellos paran a "mear" y los paso, me sentía un ganador, en eso aparece la chimenea de Ventanas
y me siento mejor de lo que creía. Pero en eso me pasan de nuevo mis amigos. El lugar espectacular,
el hecho de no haber casas ni nada hace que las distancias se acorten pórque el punto de referencia
se aleja y uno se distrae con el paisaje. Miro mi cronómetro y me sale cualquier cosa, con el nerviosísmo
apreté el botón equivocado y perdí el timing. Creo que fué para mejor. Le hize caso a los que saben y
tomé líquido en todos los controles, éstos estaban muy bien equipados con gente muy amable y
animosa. Sigo y en Mantagua me doy cuenta que me he comido la mitad de la carrera y todavía me
siento bien, no sé cuanto llevo de tiempo pero no veo competidores adelante y no me atrevo a mirar
para atrás. En eso veo a una corredora más adelante, apuro el caso y le veo en la espalda el nombre
"albertina", si era ella , la gran Albertina Zuñiga, me pongo atrás, pero me doy cuenta que no soy capáz
de seguir el ritmo, llegamos al puente de Con-Con y comienzo a sentir la carrera, la espalda me pesa
y la sed entra por la piel, de nuevo me quedo solo y comienza la verdadera carrera mía : soy capáz
de hacer algo que me parecía imposible, no lo sé, se me cominza a pasar por la cabeza gran parte de
mi vida, me acuerdo de mi padre, le pido fuerzas para llegar, me acuerdo de otros amigos que yá no
están, me emociona acordarme de mi propia familia, mi señora se me aparece...mis hijos... mi madre.
En eso entre las curvas del camino veo un "gringo" que baja ostenciblemente el ritmo, lo alcanzo y
lo paso, él iba llorando de emoción o algo así, me golpea la espalda en forma cariñosa, en eso me pasa
un corredor que había conocido en La Pintana y yo lo golpeo en la espalda amablemente. La verdad
es que el cansancio era extremo, quería ver a mis hijos a mi señora, en fin no quería más guerra.En
eso llego a la recta de Reñaca hecho bolsa, pensaba "llevo cuatro horas y cuarto en este martirio y
nunca más lo haré", llego al último aprovicionamiento y no sé porqué paro por primera vez a tomar
líquido, en eso se me nubla todo y una mujer me dice que me faltan "solo" dos kilómetros. Yo no
quería más guerra, pero parto igual. Cuando voy pasando por una "copec" me encuentro con un amigo
corredor que había llegado yá y eufórico se coloca al lado mío y emocionadamente me dice que haré
menos de cuatro horas. No lo podía creer y le puse todo mi empeño, casi sigo de largo , estaba tan
mareado que una persona me agarra del brazo y me mete al estadio Naval, había que dar una vuelta
por fuera y en eso veo el reloj electrónico y veo el número tres y la verdad es que le doy con el alma.
Cruzo la meta en 3h56m58s y se me olvida en un minuto el esfuerzo, una lola estupenda me pone una
medalla y pido un celular y hablo con m i señora entre llantos. Los abrazos de mis amigos son interminables y

ahora le doy

gracias a la vida y a Rodrigo Salas por darme la oportunidad de ser mejor

Fernando Perez
Experiencias de Corredor